La intolerancia a la fructosa

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La intolerancia a la fructosa

Como farmacia especializada en intolerancias alimentarias en Gijón queremos dedicar este nuevo post del blog a la que algunas personas tienen a la fructosa. Como ya sabes, algunos alimentos pueden llegar a provocar reacciones adversas en el organismo humano en forma de alergia o intolerancia alimentaria. Cuando alguien padece un malestar que pueda estar relacionado con algo que se haya comido, lo primero es determinar el componente que ha provocado la intolerancia. 


En la Farmacia Continental - Ldo. Javier García Menéndez te recordamos que la fructosa es un azúcar simple que se puede encontrar de forma natural en la fruta y que ingerimos principalmente en forma de sacarosa, el azúcar común. Esta es una molécula formada por glucosa y fructosa que se separa en el intestino en sus dos moléculas. La fructosa tiene que ser absorbida por las células intestinales y metabolizada por el organismo. Cuando se da un problema en la absorción o metabolización es cuando hablamos de intolerancia a la fructosa. No es lo mismo la intolerancia hereditaria a la fructosa (IHF) que la mala absorción de esta. Es importante tener clara la diferencia porque de eso va a depender el tratamiento a seguir. La hereditaria es un error genético del metabolismo de la fructosa (se da en 1 de cada 20.000 personas). El organismo no es capaz de metabolizar la fructosa. Los síntomas son náuseas, vómitos, deshidratación, disfunción hepática, hipoglucemia e ictericia. Se dan en cuanto se come algo con fructosa. 


Por su parte, la mala absorción a la fructosa es algo más habitual, de hecho puede afectar a más de un 30% de la población. Se da cuando las células intestinales no son capaces de absorber de manera total o parcial la fructosa generando diarreas, dolor abdominal, náuseas o gases. Se diagnostica mediante un test de hidrógeno espirado y es una situación que puede llegar a ser reversible. Por último, como expertos en intolerancias alimentarias en Gijón te recordamos que la fructosa se encuentra de manera natural en la miel, la fruta, la verdura y otros alimentos de origen vegetal. El contenido es variable y depende entre otras cosas de las condiciones de crecimiento de las plantas. La fructosa también se puede añadir de forma artificial y aparecer como excipiente en algunos medicamentos.

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